Nueva Iniciativa en la Amazonía propone Incorporar el Valor de la Naturaleza en la Economía Peruana

​El paisa​je de Moyobamba, la ciudad capital de la región San Martín en Perú, donde el proyecto EVA tendrá lugar.
CI/Foto por Hedley Grandtham
An María Rodriguez
 
Mientras espero que mi  avión rumbo a Perú despegue, una asistente de vuelo me entrega El Comercio, el periódico nacional de Perú. El titular dice “Proyecciones del PBI indican una economía estable”. Al dar vuelta a la página, encuentro un artículo escondido titulado “Concentración de CO2 en la atmósfera alcanza 400 partes por millón”.

El contraste entre estos dos artículos – el primero extremadamente optimista acerca del crecimiento de la economía, el segundo prediciendo un futuro alarmante si la humanidad no actúa inmediatamente para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero – es el preámbulo perfecto que resume por qué nuestro viaje a Perú es tan importante.

Viajo como parte del equipo científico que trabaja en el proyecto Evaluación y Contabilidad del Valor de los Ecosistemas (EVA), una colaboración entre el Centro Moore para la Ciencia y los Océnanos de CI, CI-Perú, el Banco Mundial y el Gobierno Peruano. 

Mientras los indicadores económicos no consideren la dependencia de la humanidad sobre la naturaleza, nunca serán un reflejo acertado del desempeño de un país.  Esta es la motivación de nuestro proyecto.

Tomemos el PBI como ejemplo – el balance anual del valor de mercado de los  bienes y servicios producidos y comercializados por un país.  Este indicador, aunque importante, no refleja la eficacia de manejo de los recursos naturales de un país, que son cruciales para la supervivencia humana.  Tampoco puede ser usado para reflejar el bienestar humano, ya que no considera la distribución de la riqueza entre los ciudadanos de un país.

A nivel mundial, el PBI ha crecido de manera constante en las últimas décadas, sin embargo estamos enfrentando una severa crisis financiera, social y ambiental. Es por esto que los países deben esforzarse por valorar los bienes (recursos naturales tales como el agua, madera y pesquería) y servicios ecosistémicos (beneficios importantes tales como la regulación de inundaciones y control de la erosión.) Esto es, ciertamente, un desafío completamente nuevo en el campo de la evaluación económica ambiental.

Acompañada por tres colegas de CI (Daniel, Miro y Hedley), mi viaje a Perú es el inicio de nuestra nueva aventura científica. Durante los siguientes dos años, nuestro objetivo en EVA es desarrollar metodologías para incorporar el valor de los ecosistemas y sus servicios en el Sistema de Cuentas Nacionales (SCN) de un país.

El SCN es probablemente una de las herramientas más importantes que tiene un país para evaluar su desarrollo económico. Indicadores como el PBI son derivados de las estadísticas del SCN . Sin embargo, actualmente el SCN no incorpora de manera adecuada la contribución de la naturaleza a los sectores productivos de un país.

El caso agua dulce puede ejemplificar este punto. Aunque es vital para la agricultura, manufactura, minería, energía y consumo humano, pocos países han implementado un manejo sistemático para regular el uso del agua. Como resultado, tienen un entendimiento limitado de la dependencia de diferentes actividades económicas sobre el agua, y como su uso actual podría ser insostenible, disminuyendo la capacidad de la naturaleza para proveer este recurso vital en el futuro. La contabilidad de los ecosistemas es especialmente crítica para países como Perú, cuya economía está altamente ligada a sus recursos naturales.

Llegamos a Lima en la noche para encontrarnos con el quinto miembro de nuestro equipo: el Dr. Lars Hein, de la Universidad de Wageningen en Holanda. El Dr. Hein, uno de los pocos expertos en modelación biofísica de bienes y servicios ecosistémicos, ayudará a formular la metodología para desarrollar las cuentas de ecosistemas.

El segundo día somos recibidos por nuestros colegas de CI-Perú, quienes han desarrollado gran conocimiento y entendimiento de la región a lo largo de varios proyectos que CI- Perú ha implementado con el gobierno. Juntos, partimos al lugar propuesto para nuestro estudio de caso: San Martín.

Nuestro objetivo en San Martín es determinar si la región presenta las condiciones necesarias para ser el lugar de estudio de nuestro proyecto. Una evaluación preliminar de los  candidatos potenciales sugería que esta región es ideal, brindando la diversidad de los servicios ecosistémicos provistos por un amplio rango de biomas en la región (e.j., bosques de montaña, planicie de inundación, bosque seco); la disponibilidad de datos que han sido generados en años recientes (e.j., cobertura de tierra, uso de suelos); y, la sinergia con otras inversiones y proyectos que se vienen ejecutando en la región.

Durante las siguientes dos semanas, realizamos viajes de campo a los páramos de altura y bosques nubosos del Bosque de Protección Alto Mayo y los tortuosos bosques inundados en la parte baja de la cuenca del Río Mayo. Nos entrevistamos con representantes de negocios locales – productores de productos agrícolas como café, estevia, arroz, y hasta ladrillos de carbón hechos de coco). También nos reunimos con comunidades locales que dependen del flujo de servicios ecosistémicos, incluyendo los grupos Awajún que han ocupado milenariamente la Amazonía Peruana y hoy luchan por preservar su cultura y tradiciones.

También descubrimos las fantásticas opciones gastronómicas de la cocina local, llena de pescados exóticos, frutas y hasta insectos. Sí, todos subimos 5 kilos de peso, pero eso es material para un segundo blog (o para muchas sesiones en el gimnasio).

Al final del viaje, San Martín demuestra ser la región ideal para explorar las relaciones entre el capital natural, los servicios ecosistémicos y su inclusión en los sistemas de contabilidad económica. Estamos satisfechos de comprobar que San Martín también presenta con un entorno sociopolítico favorable. 

Nuestro objetivo es tan desafiante como tratar de identificar las coloridas aves que Miro, Hedley y Daniel observan entusiasmados usando sus binoculares. Requiere paciencia y dedicación, observación detallada e imaginación, y análisis riguroso. La verdad es que estamos explorando las fronteras de la investigación y la innovación, lo que trae consigo sus propios desafíos, pero también mucho entusiasmo. Nuestro viaje termina con un merecido chapuzón en la catarata Ahuashiyacu. La religión Indígena considera las cataratas como sagradas porque re-energizan el espíritu humano. Tras un viaje tan hermoso, esperamos con ansías el desarrollo de esta aventrua científica que tiene el potencial de revolucionar la búsqueda de la sostenibilidad.

En nuestras futuras visitas a San Martín, las ideas discutidas durante las pasadas semanas darán sus frutos. Trabajaremos en colaboración con agencias de gobierno y realizaremos dos talleres de capacitación. Hacia el final de este proceso, esperamos proveer recomendaciones políticas que puedan ayudar al Perú para entender el verdadero valor de su riqueza natural.

Ana Maria Rodriguez es la gerente para el desarrollo de la agricultura en el Centro Moore para la Ciencia y los Océanos de CI. Gracias a Percy Summers, Daniel Juhn, Hedley Grantham y Rosimeiry Portela por sus contribuciones a este blog. Agradecimientos también a la Autoridad Regional Ambiental y a la Gerencia de Desarrollo Económico del Gobierno Regional de San Martín, a la Dirección General de Evaluación, Valoración y Financiamiento del Patrimonio Natural del Ministerio del Ambiente, al Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) y al Ministerio de Agricultura y Riego del Perú.

EVA está destinado a ser un caso de estudio del Banco Mundial en el campo emergente de la “contabilidad de los ecosistemas” – agradecimientos adicionales para el Comité de Expertos Técnicos y Política del Banco Mundial (PTEC) de la Contabilización de la Riqueza y Valoración de Servicios Ecosistémicos (WAVES) y la Fundación Gordon y Betty Moore por su generoso apoyo.

Vea más en el Blog de CI Human Nature

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